Daño colateral
Daño colateral es un término utilizado por diversas Fuerzas Armadas para referirse al daño no intencional o accidental producto de una operación militar.
Definiciones
El término ha estado en uso por tanto tiempo que se ha extendido su utilización en las fuerzas militares en general, significando "daño no intencional o daño accidental que afecta construcciones, equipos o personal, y que ocurre como resultado de acciones militares dirigidas contra blancos enemigos como ser equipamiento o tropas. Este tipo de daño puede afectar a fuerzas amigas, neutrales o aún enemigas."[3]
Sin embargo, "colateral" puede a veces significar "adicional pero subordinado" o "secundario", y es este significado específico de una palabra un tanto oscura de la lengua inglesa el que ha sido recogido y ampliado por la expresión militar "daño colateral."
Ejemplos
Entre otros casos, la expresión ha sido empleada en las siguientes oportunidades:
- El 7 de mayo de 1999 Estados Unidos destruyó la embajada China en Belgrado con misiles guiados JDAM. La CIA alegó posteriormente que habían cometido un error al identificar a la embajada como una fábrica de explosivos yugoslava.
- El 30 de julio de 2006 Israel bombardeó una vivienda en Qana que alojaba mujeres y niños en lo que se indicó era un ataque a un sitio de lanzamiento de cohetes de Hezbollah.[4] No hubo militantes heridos.
El término "daño colateral" llega al público durante
La frase fue también citada luego del atentado con bombas en abril de 1995 del edificio federal Alfred P. Murrah en la ciudad de Oklahoma, por Timothy McVeigh. Según explicó McVeigh, las 168 personas que fallecieron en el edificio Murrah eran "daño colateral". McVeigh realizó el atentado con bombas como respuesta a las acciones que llevó a cabo el FBI en 1993 en Waco Texas sobre el rancho de la secta de los davidianos. McVeigh declaró que había aprendido el término durante su misión en el Golfo Pérsico con el ejército de EE.UU.
Demonización
La demonización o satanización es la técnica retórica e ideológica de desinformación, próxima a la sacralización y al victimismo, consistente en presentar a entidades políticas, étnicas, culturales o religiosas como fundamentalmente malas y nocivas, como forma de justificar un trato político, militar o social diferenciado. En la demonización, la influencia pública de un individuo o sector con un grado elevado de visibilidad —como el gobierno o los medios de comunicación de masas— se pone en juego para estimular una reacción de descrédito que elimine las restricciones morales o legales para actuar en detrimento del grupo demonizado. La demonización del otro transforma al demonizador en alguien tan indiscutible e indiscutido como Dios.
Mexía, que poco después machaca «como digo, todo esto fue obra del demonio» arrebata, demonizando a los comuneros, las causas, más lógicas que infernales, que tenían para alzarse. Se presta especialmente a la demonización el tema del patriotismo en boca de “salvapatrias”, a causa del pathos retórico que impregna determinados temas, y que emana de lo que Leon Poliakov estudió como expresión colectiva de una necesidad paranoica de grandificar o magnificar al padre para divinizar al hijo.
La demonización es una de las formas en que se expresan y propagan las convicciones racistas de una sociedad; las circunstancias producidas por la globalización de finales del siglo XX, con tasas relativamente elevadas de migración internacional unidas a una situación de relativo estancamiento económico y de degradación y miseria educativa, han influido en una intensificación de las formas de demonización. Sectores críticos han destacado que, tras los argumentos nominalmente éticos o culturales que conforman la argumentación estereotipada de la demonización, se esconden probablemente intereses económicos, como los de la explotación colonial.
Desinformación
Desinformación es el acto de silenciar o manipular la verdad, habitualmente en los medios de comunicación de masas.
Procedimientos
Por parte de la publicidad pública de un régimen político o de la publicidad privada o por medio de hoax, "filtraciones" interesadas o rumores, "sondeos", estadísticas o estudios presuntamente científicos e imparciales, pero pagados por empresas o corporaciones económicas interesadas, uso de "globos sonda" o afirmaciones no autorizadas para inspeccionar los argumentos adversos que pueda suscitar una medida y anticipar respuestas y uso de medios no independientes o financiados en parte por quien divulga la noticia o con periodistas sin contrato fijo.
La desinformación se sirve de diversos procedimientos retóricos como demonización, esoterismo, presuposición, uso de falacias, mentira, omisión, sobreinformación, descontextualización, negativismo, generalización, especificación, analogía, metáfora, eufemismo, desorganización del contenido, uso del adjetivo disuasivo, reserva de la última palabra u ordenación envolvente que ejerce la información preconizada sobre la opuesta (orden nestoriano).
La demonización o satanización consiste en identificar la opinión contraria con el mal, de forma que la propia opinión quede ennoblecida o glorificada.
La misma aplicación tienen los adjetivos incuestionable, inquebrantable, inasequible, insoslayable, indeclinable y consustancial. Además, según Noam Chomsky, muchas de estas palabras suelen atraer otros elementos en cadena formando lexías: adhesión inquebrantable, inasequible al desaliento (incorrecto ya que inasequible significa inalcanzable, inconseguible), deber insoslayable, turbios manejos, legítimas aspiraciones, absolutamente imprescindible.
Misticismo
El esoterismo es la tendencia al enigma y al oscurantismo en la expresión sibilina, ambigua, enredada y cercana a razones que no atan ni desatan o bernardinas, así que cualquier interpretación es plausible y por tanto errada. Es frecuente el alargamiento de las construcciones verbales en forma de perífrasis verbales paralizantes y fatigosas construcciones pasivas analíticas. Las palabras del político abusan del léxico abstracto, toman segundos acentos enfáticos al principio o en los prefijos y se alargan mediante procedimientos inútiles de derivación: ejercitar (y mejor éjercitár) por ejercer, complementar por completar, señalizar por señalar, metodología por método, problemática por problema. Son característicos los verbos ‘ampliados’ viciosamente con el sufijo –izar, como judicializar por encausar, criminalizar por incriminar, concretizar por concretar, sectorializar, potencializar, institucionalizar, funcionalizar, instrumentalizar, racionalizar, desdramatizar, ideologizar, sobredesideologizar, objetivizar. Algunos llaman a este frenesí por alargar las palabras sesquipedalismo.
El lenguaje político ha llegado a ser bautizado como oficialés a causa de su ininteligibilidad. La jerga burocrática cancilleresca incluso ha llegado a arrancar exclamaciones desabridas a políticos ante párrafos desalmados como éstos:
Rúbrica de la disposición transitoria segunda. Se suprime la referencia a las tarifas de conexión para desarrollar el contenido resultante de la tramitación previa en el Congreso de los Diputados. Por último, también por razones de técnica legislativa, una disposición derogatoria que prevé expresamente la abrogación del Real Decreto Ley del que trajo origen este Decreto Ley
Retórica de la desinformación
- Apelación al miedo. Un público que tiene miedo está en situación de receptividad pasiva y admite más fácilmente cualquier tipo de indoctrinación o la idea que se le quiere inculcar; se recurre a sentimientos instalados en la psicología del ciudadano por prejuicios escolares y de educación, pero no a razones ni a pruebas.
- Apelación a la autoridad. Citar a personajes importantes para sostener una idea, un argumento o una línea de conducta y ningunear otras opiniones.
- Testimonio. Mencionar dentro o fuera de contexto casos particulares en vez de situaciones generales para sostener una política. Por ejemplo, un juez respetado como Baltasar Garzón entra en un partido político acusado de corrupción para aprovechar su reputación.
- Efecto acumulativo. Intenta persuadir al auditorio de adoptar una idea insinuando que un movimiento de masa irresistible está ya comprometido en el sostenimiento de una idea, aunque es falso. Esta táctica permite preparar al público para encajar la propaganda. Es preferible juntar a la gente en grupos para eliminar oposiciones individuales y ejercer mayor coerción, principio de mercadotecnia o marketing que ejercen los vendedores.
- Redefinición y revisionismo. Consiste en redefinir las palabras o falsificar la historia de forma partidista para crear una ilusión de coherencia.
- Demanda de desaprobación o poner palabras en la boca de uno. Relacionada con lo anterior, consiste en sugerir o presentar que una idea o acción es adoptada por un grupo adverso sin estudiarla verdaderamente.
- Uso de generalidades y palabras virtuosas. Las generalidades pueden provocar emoción intensa en el auditorio. El amor a la patria y el deseo de paz, de libertad, de gloria, de justicia, de honor y de pureza permiten asesinar el espíritu crítico del auditorio, pues el significado de estas palabras varía según la interpretación de cada individuo, pero su significado connotativo general es positivo y por asociación los conceptos y los programas del propagandista serán percibidos como grandiosos, buenos, deseables y virtuosos.
- Imprecisión intencional. Se trata de referir hechos deformándolos o citar estadísticas sin indicar las fuentes o todos los datos.
- Transferencia. Esta técnica sirve para proyectar cualidades positivas o negativas de una persona, entidad, objeto o valor (individuo, grupo, organización, nación, raza, patriotismo...)
- Simplificación exagerada. Generalidades usadas para contextualizar problemas sociales, políticos, económicos o militares complejos.
- Quidam. Para ganar la confianza del auditorio, el propagandista emplea el nivel de lenguaje y las maneras y apariencias de una persona comúnEstereotipar o etiquetar. Esta técnica utiliza los prejuicios y los estereotipos del auditorio para rechazar algo.
- Chivo expiatorio. Lanzando anatemas de demonización sobre un individuo o un grupo de individuos, acusado de ser responsable de un problema real o supuesto, el propagandista puede evitar hablar de los verdaderos responsables y profundizar en el problema mismo.
- Uso de eslóganes. Frases breves y cortas fáciles de memorizar y reconocer que permiten dejar una traza en todos los espíritus, bien de forma positiva, bien de forma irónica: "Bruto es un hombre honrado".
- Eufemismo o deslizamiento semántico. Reemplaar una expresión por otra para descargarla de todo contenido emocional y vaciarla de su sentido: "interrupción voluntaria del embarazo" por aborto inducido, "solución habitacional" por vivienda, "limpieza étnica" por matanza racista. Otros ejemplos, "daños colaterales" en vez de víctimas civiles, "liberalismo" en vez de capitalismo, "ley de la jungla" en vez de liberalismo, "reajuste laboral" en vez de despido, "solidaridad" en vez de impuesto, "personas con preferencias sexuales diferentes" en lugar de homosexuales, "personas con capacidades diferentes" en lugar de discapacitados y "relaciones impropias" en vez de adulterio.
- Adulación. Uso de calificativos agradables, en ocasiones inmoderadamente, con la intención de convencer al receptor: "Usted es muy inteligente, debería estar de acuerdo con lo que le digo".
Disfemismo
Un disfemismo es una palabra o expresión deliberadamente despectiva o insultante que se emplea en lugar de otra más neutral. El disfemismo es lo contrario del eufemismo.
Un ejemplo de disfemismo es "espicharla" o "estirar la pata" por morir. El eufemismo equivalente sería "fallecer".
Ejemplos
- Basura, chatarra: comida basura es la comida poco nutritiva.
- Caja tonta: la televisión
- Árboles muertos: papel
- ¿Me das un taco de cáncer?: ¿Me das un cigarrillo?
- En inglés snail mail (correo caracol): correo ordinario, servicio postal
Doblepensar
Doblepensar (doublethink en inglés), es una palabra inventada que aparece en la novela 1984, de George Orwell, y que forma parte del léxico de la llamada neolengua.

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